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Lo que el fuego nos dejó

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El martes 10 de diciembre de 2019 marcó un cambio sustancial en la idiosincrasia de los habitantes de Santa Isabel de la Pedrera.

Hasta ese momento la mayoría de nosotros no se inquietaba demasiado por enterarse de lo que ocurría fuera de la cerrazón de acacias y pinos que delimitaban la intimidad de nuestro lugar en el mundo, de la inmensidad exterior. Al punto que desconocíamos a la mayoría de nuestros coterráneos.

La negligencia que tantas veces pasa inadvertida, a veces cobra dimensiones trágicas, y mucho peor aún cuando se trata de fuego. Un pequeño fuego para calentar el agua del mate se tornó un incendio voraz, arengado por vientos cambiantes y por un grueso mantillo híper reseco de vaina de acacias y pinocha que cubría el suelo, debido a la intensa sequía y los bajos índices de humedad que asolan al país desde hace meses.

El saldo: veintisiete hectáreas de bosque arrasadas, seis viviendas consumidas por las llamas, una persona con quemaduras, y la paz que siempre reinó en este entorno, por momentos parece muy difícil de volver a conciliar.

Pero, sobre lo malo y lo horrible se podrán escribir extensas crónicas que no retroceden el tiempo hasta ese martes a mediodía, como para acercarse a aquel acampante responsable del incendio y darle algunas recomendaciones que evitaran el desastre. Preferimos hacer una crónica de lo bueno que, pese al dolor, cosechamos a partir de aquel hecho. Tampoco retrocede el tiempo hasta ese martes, sin embargo es mucho más edificante, constructivo y energizante. Aquel día, entre lugareños, gente de paso y vecinos de los distintos pueblos próximos (y no tan próximos) que se acercaron a poner el cuerpo, palas, vehículos, y fundamentalmente voluntad, se nos reveló nítidamente la fuerza gigante de trabajar unidos.

El fuego empezó a propagarse alrededor de las tres de la tarde, y durante las veinticuatro horas que transcurrieron antes de ser controlado, más de doscientas personas entregadas a esa causa con mangueras, baldes, bidones y tanques de agua, tuvieron además la voluntad de organizarse en comunidad.

Caóticamente, claro, como es de esperar en un evento de esta naturaleza para el que nadie está preparado, pero sabemos que fue la fuerza del grupo la que, en el transcurso de más de veinticuatro horas, controló el incendio y evitó males aún mayores. Por supuesto, con el apoyo de las distintas unidades de bomberos que, con sus recursos (casi siempre insuficientes), fueron de vital importancia para la tarea.

Con la sorpresa aún fresca del poder que genera el trabajo en equipo, a los pocos días, cuando los últimos humos surgían aquí y allá, espontáneamente se dio la primera reunión de vecinos de Santa Isabel. En ella, y en reuniones sucesivas, surgió el proyecto organizativo que ya funciona, primero con la creación de una sociedad civil sin fines de lucro de protección y fomento de Santa Isabel de la Pedrera, de la que ya se tramita la personería jurídica. A partir de allí se crearon distintas comisiones conformadas por vecinos para evitar nuevos sucesos como el ocurrido hace un mes, y en el caso de que se presente otro, para manifestar un desarrollo más orgánico y efectivo a la hora de hacer frente a los hechos.

Hoy, a un mes de esa experiencia de supervivencia, funcionan las siguientes comisiones:

 

Mantenimiento

Forestación

Bomberos

Seguridad

Finanzas

Comunicación

Salud

Ordenamiento territorial

Legal y gestión

 

A través de ellas se solicitó ayuda de la intendencia de Rocha para recoger el gran volumen de poda que los vecinos llevan a cabo cada semana, para retribuir a los damnificados al menos con la exoneración del pago de contribuciones, y para la apertura y acondicionamiento de las calles principales del balneario, que no sólo funcionarán como cortafuegos, sino además permitirán el tránsito fluido en casos de emergencia, ya sea para los camiones de bomberos y las ambulancias, ya que aún hay varias zonas inaccesibles.

Por otro lado, a puro entusiasmo y autofinanciación, asistimos a cursos de capacitación que amablemente nos brindó la unidad de bomberos, se construyeron las herramientas adecuadas para el control de fuegos, equipamos el primer vehículo polivalente con tanque de agua y bomba para una primera intervención hasta tanto se presenten los bomberos (ya se proyecta una segunda unidad de idénticas características), se hicieron jornadas de desmonte y retiro de podas por los vecinos para abrir calles, hasta hoy inexistentes, que oficien de cortafuegos y eviten la propagación descontrolada de las llamas, se patrulla la zona para el control de acampantes y encendido de fuegos indebidos.

Todo esto es llevado a cabo por los vecinos a pulmón. Todo fluye, y encuentra su forma, mientras nos conformamos como grupo humano con identidad propia. Sin embargo, a veces el trabajo a escala humana, aunque sea arduo, no resulta suficiente. Las pocas calles existentes devinieron en túneles bajo el follaje ininterrumpido de acacias, de a tramos tan angostas que apenas pasa un vehículo, y es rayado por las ramas que se apiñan sobre el camino. Otras calles que deberían existir aún son un monte impenetrable. Algunas otras son un médano inaccesible para los vehículos de emergencias. De modo que el control de campamentos y encendido de fuegos, que en estas fechas está expresamente prohibido por ley, se torna por demás engorroso y pasible de situaciones embarazosas que nos exceden como agrupación de vecinos. En resumida cuentas, las condiciones físicas para que se dé un nuevo incendio se mantienen intactas.

Transcurrió un mes del incendio. Hasta ahora encaminamos todas las acciones que están a nuestro alcance. Hasta ahora las autoridades nos aportaron un cúmulo de buenas intenciones y promesas. Pero hasta ahora no llega ninguna máquina vial que ensanche las calles para que sirvan efectivamente de cortafuegos, y que trace las calles que existen en los mapas y en realidad son una interminable aglomeración de acacias, ni vimos a nadie, más que a nosotros mismos, que controle, prevenga e instruya a los acampantes furtivos para evitar que la historia se repita. Entonces, si una nueva desgracia ocurre: ¿será suficiente con responsabilizar a quien encendió el fósforo?

Es de necesidad vital que las autoridades se presenten a través de todas estas acciones, que no pueden postergarse más. No es sólo por el bien de la comunidad de Santa Isabel de la Pedrera, sino por el bien de todo el departamento de Rocha, y por el bien del Uruguay. Muchas gracias

Asociación de vecinos de Santa Isabel de la Pedrera, 10 de enero de 2020

 

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